julio
10
2014

En ocasiones, cuando miramos al pasado vemos en blanco y negro; eventos en particular como la Segunda Guerra Mundial o la Revolución mexicana, figuras famosas como Marilyn Monroe o Pedro infante… blanco, negro y gris. En Doble Erre apostamos por la apreciación de la fotografía, y en este caso queremos hablar del hombre ruso que coloreó la Rusia a inicios del siglo XX, enriqueciendo la nostalgia que sentimos por el pasado, su nombre: Serguéi Mijáilovich Prokudin-Gorskii (1863-1944).

Mujer armenia fotografiada por Prokudin-Gorskii en 1910Mujer armenia en Artvin (hoy Turquia), 1910

Serguéi Mijáilovich nació a 300 km de Moscú, dentro de una familia acomodada y perteneciente a la nobleza.  De joven se le presentó la oportunidad de integrarse a famosos y prestigiosos institutos como el Liceo Imperial fundado por el Alejandro I en San Petersburgo y el Instituto Tecnológico de San Petersburgo, donde realizó sus estudios sobre química.

Al terminar sus estudios profesionales, Serguéi colaboró con diversos científicos, de quienes absorbió como esponja el mayor conocimiento posible sobre la relación entre la química y la fotografía, principalmente sobre captura de imágenes a color. Llegó a montar su propio estudio, donde practicó una técnica que aprendió y perfeccionó: fotografía tricromática.

Autorretrato, 1910

Autorretrato, río Karolitskhali, 1910

Emir Seyyid Mir Mohammed Alim Khan, emir de Bukhara, 1910

Emir Seyyid Mir Mohammed, Bukhara, 1910

La fotografía tricromática de Serguéi funciona con base en la síntesis aditiva; con filtros RGB (uno rojo, uno verde y uno azul) logró imitar los tonos de una imagen mezclando los 3 colores primarios, ¿cómo? La cámara usada por el químico usaba láminas de vidrio (8 cm x 24 cm) que se colocaban verticalmente donde estaban los filtros. En veloces secuencias, la lámina se deslizaba para efectuar tres exposiciones bajo cada filtro, para así colorear la luz que atravesaba la lente.

Serguéi comenzó a presentar exposiciones de su trabajo fotográfico, a las que asistían personas de las altas esferas de la sociedad rusa. En una de estas muestras, Mikhail Aleksandrovich Romanov, hijo de Alejandro III de Rusia, miró el trabajo del “mago” y quedó fascinado, llevó el nombre de Serguéi a los oídos del mismísimo Zar (1909).

Mujer Sart, Samarcanda.

Mujer Sart, Samarcanda

Niños rusos sentados cerca de una iglesia, 1909.

Niños rusos sentados cerca de la iglesia, 1909

Nicolás II acudió a una exhibición de Serguéi, de manera que pudieron conocerse y discutir un ambicioso proyecto que el químico tenía pensado desde hacía un tiempo: retratar el colorido Imperio Ruso. El zar eventualmente le facilitó a Serguéi la financiación necesaria para poder viajar a cada rincón del vasto país.

De 1909 a 1915 Prokudin-Gorskii tomo fotografías sobre la arquitectura, la tecnología, la cultura y por supuesto la vida cotidiana de los rusos… tanto del lado europeo como del lado asiático. Su trabajo da cuenta del contraste cultural que Rusia cobijaba a principios del siglo XX. Deja un legado histórico único que nos acerca a un estilo de vida que nos precede, nos conecta y lo más importante: da identidad al contexto actual que vivimos como seres humanos.

Perro dormido en la costa del lago Lindozero, 1910  Perro dormido en la costa del lago Lindozero, 1910

Una mujer georgiana posa, 1910

Mujer georgiana, 1910

Unos años después de que Serguéi terminó su proyecto de retratar la colorida Rusia, estalló la Revolución de Octubre y el Zar y su familia fueron asesinados. Serguéi dejó Rusia atrás y estuvo viviendo en Europa hasta su muerte, en 1944. Hoy en día sus fotos siguen provocando fascinación, y será para siempre un pionero de las fotografías a color.

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